Sunday, August 06, 2006

El Despertar

Nuevamente en el estudio y con la garganta seca.
Me había levantado 2 horas antes de la salida del sol. Había comenzado la que llamo la hora azul. Todo era bellamente iluminado por la luz del amanecer siguiendo en la oscuridad por un buen momento.

Hora azul. La foto de Mirsa seguía en la mesita de noche. Estaba harto de seguir en ese camino, días y noches, noches y días. Sin despegarme de su recuerdo. Como una carretera continua y sin baches. Como una carretera que no deja de ir de ir y de sentir. Y hacerme sentir miserable.

Los zapatos con los que llegue anoche aun tienen vidrios rotos .La ultima pelea en la que me metí no era gran cosa. Pero estaba muy encarnizada y todo para variar por una soberana estupidez. Un tipo le hizo un chiste obsceno a mi chica y yo como todo bruto que se precie le aticé una buena en la quijada.
Para mi desgracia , él era mas grande que yo. Y me golpeó a su antojo fuera del bar.


Adriana no es buena siquiera para poder comprenderme. Pero sigue ahí.
Su muda paciencia me inquieta. Me extraña, me da tranquilidad. Me da miedo. Y Mirsa. Mi Mirsa. Esta muerta. Muerta como la noche que es aniquilada por este amanecer. Ya jamás podrá venir a menos que exista una cura contra la incineración.
Y yo habia tenido que ver en esa muerte.

Adriana estirò un brazo bajo las frazadas para acariciarme el pelo pero yo hoy no tengo ganas de mimos ni de ser mimado. Por fin deja su muda suplica de atención, se da la vuelta y emite un gemido. Yo ni siquiera me molesto en voltear.


Llegamos anoche a las 4 de la mañana. Ella completamente histérica por la sangre que me corría por la boca, por la mugre en mis pantalones, por los vidrios de mis zapatos y por la medida medio escandalosa de vino que me había bebido yo esa noche.

Con calma, como buena chica que es, me desvistió, me baño y me curó. Estaba hecho una desgracia pero sucede así con las noches en que quiero desgraciarme. Lo terrible es que ella lo presencie. Porque daria lo que fuera por que no lo sintiese. Aunque ella no es tonta. Es muy facil que lo intuya. Las mujeres no se equivocan jamàs con esas cosas.

Me llamo Eduardo. Eduardo Barreto. No soy gran personaje en esta ciudad. Solamente un vendedor de libros que quiso en su época ser un gran literato. Llamo “Taller” al Atelieur de mi tio pues el si fue un gran pintor, pero nos dejò este espacio a mi y a mi esposa cuando nos casamos pues eramos demasiado pobres y yo la habia dejado embarazada y con solo 20 años. Eramos dos mocosos sin siquiera un oficio conocido. Ni con la Universidad acabada. Un desastre. Sus padres la habian echado de casa. Yo me veía con la responsabilidad de una familia a mis pocos 23 años. Estaba totalmente anonadado y con ganas solamente de huir.
Pero no pude.
No pude.

Pocos meses después de instalarnos aquì mi tio partiò a España. Dijo que tenia que ir a visitar a sus primas que no tenian en que caerse muertas pero que querian que les hiciese unos cuadros para su estancia porque siempre se veia bien un “Barreto Ponce” original en las paredes de la salita.

Adriana estaba con 4 meses de embarazo cuando sufriò un aborto espontàneo. La familia ya nos daba por casados y lo estàbamos. El padre de ella por poco me lleva a la comisarìa de un brazo acusado de violación, en el momento que se enterò del embarazo asi que no tuve màs remedio, asustadizo e inmaduro como era, me casè. Me calcè el nombre de responsable y adulto de un saque. En una hora ya era el señor de Adriana de la Piedra Candamo. Padres adinerados. Suegros adinerados. Y los hijos de puta no le dieron nada por haberse casado con alguien como yo.

Todo hubiera transcurrido con la mayor naturalidad si no fuese porque yo era aun joven. Con 23 años a cuestas uno no piensa en las consecuencias de sus actos o en lo que andaba antes de que las palabras “boda” “hijos” o “responsabilidad” se graben en tu subconsciente y aparezcan antes de actuar.

Conoci a Mirsa en los años de bachillerato. Estudiabamos en el mismo salòn pero pocas veces hablabamos. Era una chica hermosa. Hermosa en todos sus sentidos. Su pelo castaño y sus enormes ojos podian hacer conmigo lo que quisieran pero ella jamas ser darìa por enterada. Porque no queria que lo supiese o por que mi muda y anhelante persona esperara retener de ella un poco de atención. Mas aùn , una sonrisa.

Era de las chicas que se decian “fieles” a sus novios. Lo contradictorio es que yo tambien me decia asì. Y jamàs pudieron probàrmelo. Tampoco pudieron quitarme el calificativo de "pisado" puesto que la mayorìa de mis fechorìas las realizaba en otros puntos de la ciudad. Ni que fuese estùpido. Si lo iba a hacer, lo hacìa bien. Lo bueno es que las “otras” estaban enteradas de su status antes de empezar cualquier procedimiento asi que antes que empezasen con la cantaleta de querer presentarme a sus padres, yo ponia pies en polvorosa, recordandoles el comùn acuerdo y acusándolas de poco pràcticas.

Salvo Mirsa.
Mirsa era mi todo. Era mi inalcanzable. Era la que jamàs me habrìa mirado. Y a la que yo estaba mirando siempre. Era la que tenia todo su poder sobre mì. Podìa dominar cada acto de mi vida (no todos, claro, seria exagerado) pero dentro del salòn , me dedicaba a observarla. El profesor no existia, los alumnos no existian. Ella existia. Yo existia y eso importaba.

Me dedicaba a observarla. Todo lo que podìa desear de una mujer estaba ahì. Fiereza, desiciòn, sensualidad, belleza, inteligencia. No habia chica màs completa que ella y sin embargo tenia un terrible defecto: Era terriblemente engañosa.
Como las sirenas de las piedras , como las hadas de las flores, como los pistacos que pierden a los caminantes en los montes dela Selva. Y ahora esta mujer podìa perfectamente perderme dentro de ella y sin estar consciente siquiera.


Mil veces quise entablarle una conversación sin sentirme un estupido. Un tarado total sin que la lengua se me enredase. Me imagino que no hay tortura que dure cien años ni cuerpo, mente o corazon que lo resista. Era hora de poner en orden mis sentimientos. El gran problema era ahora Adriana.

Anduve con adriana por mas de 3 años desde el comienzo (o casi) del bachillerato. Era mi “enamorada oficial” por asi decirlo, medio campus sabia como era todo entre los dos y fácilmente mientras se sucedian los años podrian haberle contado que me habian visto en tal o cual lugar. Sin embargo, Adriana…callada, no decia nada.
Solamente me decia que creia lo que yo le decia, y aunque me parecia un poco tonto, me daba cierta alegría que me tuviese semejante fe.
Contradictorio por lo visto. Alegria o “confianza” por un lado, por el otro, desprecio y ganas de seguir haciendo fechorías. Era una mierda ahora que lo pienso bien.

Adriana era de las chicas “bien” que vivia en una amplia casa iluminada y con plantas de jardin y de interior. Su casa era hermosa y confortable. Sus padres siempre estaban de viaje. Si iban a España, si iban a Italia si iban a pasarse una temporada en Europa, criando a esa hija en medio del mar de sus propias dudas sin saber siquiera como lidiar por su corazón. Se notaba que era de esas chicas que fácilmente conseguian cualquier cosa material necesaria, pero afectiva, le era muy poco concedido y la niña me pedia amor a gritos. A gritos. Gritos a los que no pude acudir. Y si en algun momento acudí fue por no solo cariño, sino tambien porque sabía que la consecuencia inmediata era terminar en su habitación o en el jardín lleno de plantas. Como un Adán y una Eva. Con mi cara enterrada en su cabello negro y azulado. Con su rostro en un rictus rigido y al mismo tiempo tierno.

Te quiero Adriana por haber sido tan ingenua y tan mansa en aquellos tiempos, pero te desprecio por ser ahora tan rastrera y tan sumisa sabiendo como es todo. Sabiendo como siento todo. Sabiendo como creo todo.

Deberian decir que soy un enfermo y que deberia dejar a esa criatura libre para que esté con alguien que la haga completamente feliz. Yo soy de la misma opinión sin embargo, algo también me jala hacia ella. El destino, la fuerza, la muerte. Todos los acontecimientos siempre derivan uno de sus cauces hacia la vida de Adriana. Y eso me parece no solo misterioso sino tambien como si un circulo que yo he dejado abierto años atrás se cerrase. Como mágicamente, estaba escrito. Era obvio que ibamos a terminar asi.
Pobres esclavos de nuestras acciones pasadas.

Pueden decirme hijo de perra. Pueden decirme lo que quieran. Tampoco me va a importar su opinión. Asi sucedieron las cosas y así seguiran sucediendo mientras ella desee sumergirse en mis demonios y en mi lago de amargura, ella es la unica responsable de estar a mi lado. Pero presiento que tiene a alguien más.
Para lo que me importa.

Las cosas fueron la consecuencia de mi precaria madurez. Era pequeño e impresionable. Me enamoré de Mirsa como un idiota. Me dejaba arrastrar por sus palabras. Era un caballero màs que bueno, bello, con aplomo, cultura y simpatia. Era mejor de lo que era con mi propia novia. Era lo que ella queria que fuera. Era patético en una sola palabra. Estupidamente patético.
Lo terriblemente endemoniado era lidiar con las dos a la vez porque eran y no eran amigas al mismo tiempo. Se odiaban con esa fingida sonrisa de la que sabe muy bien de que calaña es la otra. De la manera en que vivia su vida, cuan diferentes eran su cultura y sus valores. El envanecimiento contra la pobreza, la fresca seduccion y la timida maquinación. Era raro, extraño, distinto y al mismo tiempo de la pura crisis emocional que me causaba tenerlas a las dos juntas, bajè de peso unos 13 kilos. En 2 meses. Eran los meses en que màs unidos pasábamos.

Amaba a Mirsa con todo mi corazón. Cualquier hombre habria terminado con Adriana y seguido con Mirsa. Pero a pesar de mi conchudez adquirida ahora encontraba una razon poderosa y unica para no largarme y mandar todo a la porra.


En ese momento, Mirsa y yo viviamos un torrido romance. Adriana se daba cuenta y hacia lo suyo para retenerme, a base de invitaciones exclusivas, sexo consecutivo, promesas de esas que solamente son un puñado de palabras perdiendose en el horizonte.
Ella queria dejar de ser tan altanera , ponerse a estudiar algo, aprender màs cosas.Dejar de ser tan engreida y tener tanto para darme como para que nunca me aburra de ella. Todo esto dicho con la mejor cara de dulzura que ella me brindaba.
Cara que siempre me pareció una màscara.

Mirsa en cambio era distinta. Me decia que era un aprovechado y un idiota, que si queria verla que me diese tiempo yo. Que ella tenia demasiadas cosas que hacer como para que su horario vaya a manera comoda con un conchudo como yo. Que la busque cuando yo tuviese tiempo y a ver si es que ella tenia ganas. Y eso es precisamente lo que màs me gustaba. Me gustaba su falta de disponibilidad, su fiereza,sus ganas de encararme sus garras para decirme que me adoraba aunque sabia que esa noche todo podria irse al diablo mientras me clavaba las uñas y yo sentia el mas intenso de los orgasmos con ella y que Adriana jamàs logro repetir.


Durante esos dos meses soporté el cuerpo de muñeca de Adriana contra la lozana y natural suavidad de Mirsa.
Sin embargo tambien encontrè similitudes, encontrè defectos, encontré mi cabeza metida en un lio del que me era casi imposible salir. Solo bastaba una palabra.
Pero eso no importaba. Porque en ese momento, un poco de maquinación de parte de Adriana y ya estaria con toda la responsabilidad de una boda, matrimonio y familia de un solo saque.


Estábamos preparandonos para los finales. Adriana habia dicho que podriamos hacer trabajos en grupo en su casa como quien estudia y si ellos lo deseaban quedarse a dormir. (Porque esperaba que nadie accediera). Adriana habia ido a casa con su “novio” Jairo. Un pelmazo que no sabia siquiera juntar dos palabras sin decir “on” en su lista de prefijos. Era un ignorante. Un torpe y encima un fresco. Sin embargo Adriana estuvo feliz de acogerlo en su casa. Su rival por fin tenia un novio y podia respirar tranquila ante la perspectiva de que nadie màs le quitara a su preciado novio (yo).
Si, Claro.

5 comments:

Anonymous said...

De solo leerlo nomàs ya me dolió.
Ernesto

Cesar said...

Excelente post

Cesar said...

Excelente post

eva said...

Durante esos dos meses soporté el cuerpo de muñeca de Adriana contra la lozana y natural suavidad de Mirsa...

despues de esto... me perdi...
pero hib bien quiero entender!!

Mary Red Rose said...

Gracias Cesar!